Más allá de la repercusión sobre los hábitos alimenticios de la población y el impacto que pudiera causar en la industria cárnica, la polvareda levantada por el reciente anuncio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de la declaración como sustancia “carcinogénica para humanos” de las carnes procesadas y “probablemente carcinogénica para humanos” de las carnes rojas es absolutamente fascinante. Aquí una servidora, aprendiz de todo y experta en nada, no ha podido evitar quedarse ‘ojiplática’ ante las reacciones que ha suscitado dicha declaración y me gustaría reflexionar contigo sobre las mismas.

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Trabajo en la industria agroalimentaria, concretamente dentro del área de comunicación y relaciones públicas, por lo que asisto con enorme interés a lo que está ocurriendo ya que nosotros mismos seguimos muy de cerca las declaraciones de la OMS. Estamos a la espera de que este organismo declare oficialmente el aceite de oliva virgen extra como alimento cardiosaludable para poder usarlo como reclamo comercial. Para lograr suficientes evidencias científicas de estas propiedades se lleva trabajando durante más de 10 años de investigación (Predimed) y aunque los hallazgos no dejan duda, se sigue investigando porque no es suficiente.

Pero más allá de mi interés profesional, conoces mi pauta de alimentación y mis motivaciones así que supondrás que doy la bienvenida a este anuncio con los brazos abiertos a pesar de que no puede sorprender a nadie ya que es más que conocido desde hace años que las autoridades sanitarias recomiendan la moderación en el consumo de este tipo de sustancias. Hablo de la archiconocida pirámide nutricional (actualizada por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria este año) que ya desde la escuela nos enseñan y con la que muchos hemos crecido pegada en forma de imán al frigorífico.

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Ello me invita a pensar en que la aparente alarma social que ha generado el anuncio se debe a las alusiones directas a la enfermedad que pudiera provocar la ingesta desproporcionada (ni más ni menos que en las cantidades diarias que indica la OMS, no hay cabida a la subjetividad) de estas sustancias: el cáncer. Ocurre que si tomo mucha carne procesada puedo ganar peso pero siempre puedo ponerme a régimen y bajar la grasa; quizá mi alimentación esté empeorando mis niveles de azúcar o colesterol en sangre pero siempre puedo restringir en mi dieta el consumo de estas sustancias y ponerme a raya.

Detrás de todas estas decisiones hay un reconocimiento de lo que es evidente (la báscula, la analítica), una asunción de responsabilidad y una adopción de medidas para remediar el destrozo. Pero… ¿qué pasa si un día mi médico me diagnostica cáncer? No queremos ni pensarlo. Lo mejor será negar y subestimar las advertencias dado que nada puedo hacer al respecto, no tiene sentido amargarse la vida. O al menos, esa es la creencia más extendida acerca del cáncer y del papel de los individuos frente a esta enfermedad, tanto en la prevención como en la curación.

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Pero vayamos al grano, porque esto no es un blog médico ni lo pretende. Centrémonos en lo que dice la OMS y lo que la gente opina al respecto de lo que supuestamente dice la OMS, que es bien distinto.

  1. El anuncio ha caído como una bomba si bien estamos ante una nueva aportación a algo que ya se conocía. Excederse en el consumo de embutidos y carnes rojas es malo. Lo era, lo es y lo será, y si no te lo crees tu escepticismo viene de lejos y no al albur de la reciente declaración de la OMS.
  2. Pero si siempre han dicho que comer carne es bueno. ¿Qué clase de carne comes tú? ¿Has sumado toda la carne que comes al día o a la semana? Además de la carne que comes ¿qué más comes? La OMS únicamente ha dicho que comer más de 50 gr de carne procesada al día aumenta en un 18% el riesgo de padecer cáncer de colon. Nada más y nada menos. Tratar de simplificar con un ‘es bueno’ o ‘es malo’ es como indultar o enviar al corredor de la muerte a un sospechoso sólo porque tiene cara de buena persona o parece malvado. Cúrratelo un poco y saca tus propias conclusiones en función de la vida que llevas antes de sentenciar.
  3. ¿Cómo de malo? Pues exactamente 34.000 casos de muerte por cáncer al año son atribuibles al consumo de carnes procesadas y 50.000 casos podrían ser atribuibles al consumo de carnes rojas. Un millón de muertes se atribuyen al tabaco y 200.000 a la contaminación. Ningún estudio atribuye como causa de mortalidad la ingesta de más de 50 gramos de frutas y verduras al día, así que podríamos concluir algo así como que comer carne es cien veces más mortal que comer vegano. Es un enfoque realista ¿no?
  4. Misma categoría no significa mismo nivel de riesgo. Una escopeta de perdigones y un kalashnikov son armas de fuego aunque no tengo que decirte de qué bala perdida preferiría ser víctima, ¿verdad? Pues eso ocurre con la carne y el tabaco. Misma categoría de arma, distinto nivel de probabilidad de causar herida mortal.
  5. Si me permitís, lo que sí es alarmante son los resultados de los informes PISA sobre compresión lectora en España

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Escrito esto… Si desayunas habitualmente (más de dos veces en semana) una tostada con jamón, almuerzas un filete de cerdo o ternera empanado y cenas embutidos variados, estás haciendo uso de tu libertad, estás en tu derecho y eliges voluntariamente ingerir sustancias carcinogénicas y probablemente carcinogénicas. Además, no hay ningún obstáculo que pueda impedirte bromear al respecto de los riesgos que libremente has decidido correr y ¿por qué no? puedes alardear de ello en público y en privado, ironizar con tu gente al respecto y mostrar cuán feliz eres con tu opción de vida. Es tu libertad y te la podrán rebatir pero no arrebatar. Ni la OMS, ni las autoridades sanitarias ni ningún/a bloguero/a flexivegetariano/a del mundo mundial.

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Yo he elegido no comer carne ni pescado más que el inevitable (ver aquí lo que yo entiendo como inevitable) y siempre pongo como excepción el jamón serrano (según la segunda acepción del DRAE: Cosa que se aparta de la regla o condición general de las demás de su especie. Es decir, la regla siempre es la regla) y añado que cuanto más bueno, mejor. Hay mil y un argumentos para rebatir mi pauta de alimentación (¡faltaría más!) pero nadie me puede arrebatar mi libertad para seguirla, tal cual la he diseñado en función de la información de la que dispongo y la vida que quiero para mí. Me gusta seguir a gente a la que creo asemejarme en preferencias de alimentación, deporte y estilo de vida en general porque han recorrido senderos que me gustaría seguir y pueden darme consejos al respecto. Por lo demás, no quiero parecerme a nadie ni que nadie se parezca a mí.

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Pero vivimos en un tiempo en el que, afortunadamente a mi juicio, el alcance de nuestra voz es mucho mayor y sus ecos logran reunir a decenas, miles o millones de personas en torno a nuestras opiniones. Esta grandeza de la comunicación en el siglo XXI hace que la información esté al alcance de todo aquel que muestre interés, sin límites y sin obstáculos… No comparto la visión de quienes demonizan la sociedad de la información argumentando que existe infoxicación. Existe, muchísima. Pero sólo le veo un arreglo y es confiar (y trabajar para que así sea) en el espíritu crítico de quien se expone a ser informado.

Y tú, ahora que acabas de terminar de leer este post, pon en duda todo lo leído. Es tu derecho, tu obligación y tu responsabilidad.