Ya comenté en un post anterior que el ayuno es un buen método para darle un respiro al cuerpo en general y a los órganos que intervienen en el aparato digestivo en concreto.

Algunas culturas atribuyen al ayuno propiedades preventivas contra diversas enfermedades cuando no curativas. Incluso la población más longeva del mundo, de Okinawa, tiene como sana costumbre comer poco. Y en general, un buen vaciado de tuberías y depósitos de vez en cuando viene bien para realizar limpieza general de rincones donde acumulamos subproductos de la digestión, que no se evacuan a través de la sangre a menos que los obliguemos mediante el ayuno. Nos lo explicó muy bien la nutricionista clínica Malva Castro en este post.

Os comentaba que yo aprovecho los lunes porque es habitual que venga de cometer algún exceso así que me viene muy bien quitarme esos stocks de encima. Por otro lado, ya sabéis que cuando hablamos de ayuno aquí hablamos de cerrar el pico completamente, es decir, que no se trata de no comer nada en el sentido estricto de la palabra, si no de ingerir alimentos pobres en grasa y azúcar pero ricos en fibra y agua, con lo que minimizamos la entrada de nuevos nutrientes y facilitamos la salida de residuos para poner el marcador a cero.

A ver, yo ayuno ocasionalmente durante 24 horas que van desde las 21 horas del domingo a las 21 horas del lunes. La cena del día que comienzo es ligera así como la del día que retomo mi rutina. Quiero decir con esto que no se trata de atiborrarse antes y después sino más bien de todo lo contrario: si vas a rebajar drásticamente la ingesta de alimentos en las próximas 24 horas conviene que le vayas dando pistas a tu cuerpo con una cena ligera, una ensalada, por ejemplo. Del mismo modo que si no quieres cargarte los resultados purificadores de tu ayuno, no vuelvas a tu rutina habitual por la puerta grande zampándote todo lo encuentres! Mejor un caldo vegetal o una crema de verduras y algo de fruta, por ejemplo…

Dicho esto, las mismas reglas funcionan de forma diferente en distintas personas así que se trata de indagar en nuestras posibilidades y aprender a escuchar qué quiere decirnos nuestro cuerpo, dónde acaba el beneficio y dónde empieza el malestar y viceversa.

Mi cuerpo me dijo ayer que necesitaba una tregua y yo hoy le he obsequiado con esto

Batido verde, con espinacas, manzana, pasas y agua

Batido verde, con espinacas, manzana, pasas y agua

Es un batido de espinacas, manzana y pasas. Lo voy a ingerir a lo largo del día, acompañándolo de algún que otro líquido como agua o te verde, para favorecer la eliminación de líquidos. Las espinacas tienen muchísima fibra, que ya sabéis que ayuda al tránsito intestinal, además de vitaminas y minerales y propiedades antioxidantes, que son las que frenan el envejecimiento de las células, un fenómeno responsable de muchas enfermedades.

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Las cantidades que yo he usado son 250 gr de cada ingrediente, espinacas y frutas, para una cantidad de 1,5 litros

 

La manzana le aporta hidratos de carbono en forma de azúcares al batido. Este ingrediente, además de endulzar la mezcla y darle un sabor más apetitoso al restarle amargor a la espinaca, nos beneficia aún más porque contiene flavonoides, una sustancia antioxidante y que además previene contra el cáncer, según demuestran algunos estudios (que yo no he consultado directamente así que, como siempre, todo al filtro de la duda). Las pasas, un puñado o dos, se las he añadido como endulzante natural. Aunque tan sólo añadiendo manzana obtenemos un sabor dulce como resultado, si le ponemos alguna otra fruta seca o endulzante, estará aún más rico. (Para mi gusto, no han hecho falta más que las pasas).

Batido verde, espinacas, manzana y pasas

Ingredientes lavados, troceados y a la olla!

Lo batidos intensifican el sabor de todos sus ingredientes así que emplea productos de buena calidad y si son ecológicos mejor, y así puedes ahorrarte sabores extraños. Esto va también por el agua. Si no tienes depuradora en casa, hazte con una jarra de ósmosis inversa si el agua es dura de sabor. Has de lavar muy bien las espinacas así que si el agua que empleas no sabe a cloro te lo agradecerá tu paladar.

Sólo tienes que trocear la manzana (250 gramos) bien lavada y sin pelar, pero libre del tallo y las pepitas; añadir las espinacas (250 gramos, mismo peso), estas sí con el tallo que es donde se concentra la fibra, y el endulzante que prefieras, en este caso, pasas (para estas cantidades se endulza a partir de dos puñaditos). Después añades agua hasta conseguir el punto de liquidez de tu preferencia. Yo conseguí rebajar la espesura hasta convertirlo en líquido con tres vasos de agua. Por las cantidades que yo he empleado, he tenido que hacerlo en una olla en lugar del vaso de la batidora, pero si consigues encontrar la proporción que se ajusta a la cantidad de batido que vas a ingerir quizá puedas prepararte un vaso o dos. Si tienes peso en casa lo tienes fácil (grs. espinacas = grs. manzana).

Batido verde, espinacas, manzana y pasas

Hay que batir un buen rato, no desesperes, aunque parece que nunca entrará en estado líquido sólo tienes que darle a la batidora y añadir agua

Bueno, os resumiré mi experiencia con este ayuno a base de batido verde de espinaca y manzana. A primera hora de la mañana me tomé un vaso de agua con limón, como hago siempre, y rellené una botella de medio litro para llevármela al trabajo. Obviamente, esta mañana no he salido a desayunar con los colegas para evitar tentaciones, así que me he preparado mi primer té verde. Después he abierto mi brebaje y he estado bebiéndolo a sorbitos durante toda la mañana hasta que ha llegado la hora de comer (para mí las 15,30). No he pasado hambre en exceso, más allá de la típica ansiedad por algo salado. A las 18 me he tomado otro té, la verdad es que tengo otro litro de batido verde preparado pero… ¡no quiero más! Dicen que si cuando tienes hambre no te comerías una manzana es que no tienes hambre, así que…

En el plano de las emociones, como imaginaréis, la peor ha sido la irritabilidad por la renuncia social que conlleva un ayuno, es decir, no alternar con los compañeros en el desayuno o con tu chico a la hora de comer. Con los peques tampoco he tenido muchas ganas de bregar… así que sus pequeños conflictos los han resueltos entre ellos porque mami no estaba hoy de árbitro. En el plano físico, sí os diré algo que quizá os sorprenda y os anime; superada la barrera del almuerzo todo es mucho más fácil. La sensación de hambre es sustituida por la de vacío y la de vacío por la de ligereza. Como te sientes ligera te sientes animada a seguir y te surgen ideas para emplear tu tiempo en cosas que te distraigan mientras prolongas tu ayuno hasta la cena. Por ejemplo, ¿practicas yoga?, este es un buen momento. ¿Tienes un jardín o patio? aprovecha para regarlo. Si no es así, ¿por qué no sales a pasear un rato? Y hazlo todo lentamente, recuerda que estás ayunando porque estás dando una tregua a tu cuerpo…

Oye, si te animas a hacerlo cuéntame a ver qué tal te ha ido. Como decía al comienzo, esta es solo mi experiencia, una más en el universo infinito. Comparte aquí la tuya y enriquece este post con tus aportaciones. Y si te ha gustado, dímelo, así escribo más… y si no, dímelo también así escribo menos 😉

 

PD: las afirmaciones referidas a propiedades de los alimentos están sacadas del Mercado de Alimentos Saludables de la Federación Española de Nutrición (FEN). Las afirmaciones de nutricionistas o expertos en nutrición vienen enlazadas a sus autores. El resto, es mi experiencia personal, única e intransferible.